Una revolución con sed
La Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido en el motor de la innovación tecnológica en el mundo, pero detrás de su aparente inmaterialidad existe un costo ambiental poco discutido: el consumo de agua.
Los modelos de IA requieren infraestructuras de gran escala —los centros de datos— que deben ser refrigerados constantemente para evitar sobrecalentamientos. Este proceso suele depender de sistemas de enfriamiento que utilizan millones de litros de agua cada día, particularmente en instalaciones con tecnología líquida o de enfriamiento evaporativo, lo cual puede generar gran presión en regiones donde los recursos hídricos ya son limitados.
Por ejemplo:
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Un centro de datos pequeño de 1 MW puede consumir hasta 26 millones de litros de agua al año solo para fines de enfriamiento.
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En instalaciones más grandes, algunos centros de datos pueden demandar hasta 5 millones de galones diarios, cifra equivalente a unos 18,9 millones de litros por día.
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En promedio, un centro de datos de tamaño medio en EE. UU. podría usar 110 millones de galones de agua al año solo para refrigeración (equivalente al consumo de unas 1,000 viviendas).
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En instalaciones “hiperescalas”, las grandes compañías han reducido su métrica de Water Usage Effectiveness (WUE) —es decir, la cantidad de agua utilizada por cada kilovatio-hora de energía de TI— a rangos entre 0,2 y 0,5 litros por kWh.
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En 2025, la Agencia Internacional de Energía (IEA) estimó que el sector consume más de 560 mil millones de litros de agua al año, con proyecciones que podrían llegar a 1,200 mil millones de litros para 2030.
La razón detrás de este uso intensivo es doble:
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Enfriamiento directo de servidores — las CPUs y GPUs generan calor extremo durante el procesamiento, y sin refrigeración adecuada corren riesgos de sobrecalentamiento o fallas. Muchos centros usan torres de enfriamiento evaporativo donde el agua se evapora para disipar calor.
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Consumo indirecto a través de generación eléctrica — gran parte de la electricidad proviene de fuentes que también requieren agua (plantas termoeléctricas, hidroeléctricas). Se estima, por ejemplo, que cada kWh producido en EE. UU. puede implicar la extracción o consumo de agua en el ciclo energético.
La tensión entre innovación y sostenibilidad
La paradoja es evidente: mientras la IA promete optimizar recursos y ofrecer soluciones inteligentes al cambio climático, su propia infraestructura demanda cada vez más agua, especialmente en un contexto de sequías globales y crisis hídricas.
Expertos en sostenibilidad advierten que, si no se regula el uso de estos recursos, el crecimiento de la IA podría agudizar los problemas de acceso al agua en diversas regiones.
Estrategias y futuro responsable
Ante este escenario, algunas empresas tecnológicas están invirtiendo en sistemas de refrigeración por aire, en el reciclaje de agua en sus centros de datos y en alianzas para promover el uso de energías limpias menos dependientes del agua.
La discusión sobre la huella hídrica de la IA recién comienza, pero resulta clave para asegurar que el futuro digital no se construya a costa de un recurso tan vital como el agua.




