«¿Armar a los serenos?», por Pedro Ortiz Bisso

«¿Armar a los serenos?», por Pedro Ortiz Bisso
«¿Armar a los serenos?», por Pedro Ortiz Bisso
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Señala Roberto Gómez Baca, el reelecto alcalde de Surco que se hiciera conocido por sembrar románticos ositos de flores frente a la casa de su enamorada, que los serenos deben utilizar armas no letales para disuadir a los delincuentes.

Cuesta imaginar qué capacidad disuasiva puede tener un sereno armado con gas pimienta o un arma que lanza descargas eléctricas (quizás como Stallone en “Demolition Man”) si al frente tiene a un tipo avezado que, revólver en mano, está dispuesto a segar la vida de quien se le interponga por robar 10 soles o hacerse de un smartphone.

Cuando los apóstoles de la legión de los serenos armados hacen escuchar sus voces, los flashbacks de las batallas campales protagonizadas por los agentes de San Isidro y Magdalena aparecen con nitidez full HD. Si los serenazgos mejor preparados de Lima se comportan como ejércitos particulares de los alcaldes de turno, poniendo en peligro su integridad y la de los vecinos que dicen cuidar, no es difícil suponer qué sucedería si contaran con algo más que varas y escudos a la mano.

La preparación de los serenazgos en Lima no es uniforme, mucho menos los protocolos que deben poner en práctica ante determinadas situaciones. Según el Instituto de Defensa Legal, existen más de 11 mil serenos en los 43 distritos de la capital. Gabriel Prado, quien estuvo a cargo de la seguridad ciudadana en la Municipalidad de Lima, señala que en algunos casos los agentes salen a la calle con tres meses de instrucción y en otros, luego de apenas una semana. ¿Si no saben manejar adecuadamente una vara, podrán hacer lo propio con armas que disparan balas de goma? ¿Y qué hay de su preparación psicológica para soportar situaciones extremas? ¿Las reacciones descontroladas no serían más violentas al tener un arma en mano, aunque sea no letal?

Usted dirá, y con muchísima razón, ¿entonces qué hacemos? ¿Nos cruzamos de brazos y permitimos que la delincuencia siga ganando la guerra en las calles? ¿Cómo paramos esta sangría diaria que, gracias a las cámaras de vigilancia, vemos con morboso detalle todos los días en las redes sociales y los noticieros de la televisión?

En principio, la lucha contra la inseguridad ciudadana debe tener al Ministerio del Interior a la cabeza. Dejarla bajo responsabilidad de cada municipio, en función a los humores y criterios de sus alcaldes, solo conseguirá aumentar el desorden y perder el verdadero foco de atención. ¿Pero podemos pedirle liderazgo a un ministerio que nunca lo ha tenido? La pregunta es válida, más aun cuando la sensación de indefensión se acrecienta día a día y el Gobierno pareciera no tener argumentos ni para enfrentar a los ladronzuelos de poca monta ni a las bandas de asaltantes y extorsionadores.

Los limeños de a pie hemos quedado en medio de la inacción gubernamental y el oportunismo descarado de ciertas autoridades hambrientas de popularidad.
Y para el 28 de julio aún faltan más de cuatro meses.

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